sábado, 10 de noviembre de 2012

reulunch

Una de las cosas que más me vino a sorprender esta semana de las muchas que he visto en la oficina y que no vienen a cuento por no aburrir al personal, fue la reunión de dirección quincenal que organiza mi jefe con todo su equipo. Era una reunión como otra cualquiera a la que yo haya podido asistir con mis compañeros en Madrid. La diferencia estribaba en que mientras estábamos reunidos comíamos brastwurst y salchichas muniquesas, y bebíamos weissbier (sin alcohol), obatzer y demás. Cuando me estaba jalando una brastwurst va mi jefe y me pide que me presente, y claro, casi me atraganto. Y luego coge el tío y se pira. Claro, yo les dije el típico discurso inesperado de "ay soy tonta y no sé qué decir" vamos el "estoy encantada de estar aquí, en España hago tal o cual y espero estar muy integrada en breve y no molestaros mucho", y justo cuando estaba terminando, volvió y se quedó algo mosca pensando que mi presentación había sido muy corta, añadiendo que había algo que se había perdido y se encogió de hombros. No sé qué más quería que dijera, así a bote pronto: "mi sobrino Nico acaba de cumplir cuatro años y le han regalado una tortuga moníssssima, mi sobrina Victoria es fan a la par del Dúo Dinámico, Sabina y Shakira y mi sobrino Enrique habla Alemán mejor que yo, sabes?". Pero bueno, eso puedo hacerlo en la presentación que me ha encargado de "visión global del derecho español", para la próxima reunión de dentro de dos semanas, que digo yo, claro, me he sacado la carrera en cinco años pero ¿por qué no? resumámosla en una hora, si total, somos españoles ...". La reunión sirvió para no parar de trabajar ni siquiera a la hora de comer, así que cuando salí de la oficina por la tarde tenía un dolor de cabeza tremendo. ¿Tendrían aspirinas en Bayern?

Estos días he ido del trabajo a casa y de casa al trabajo, prácticamente. El lunes salí con mis compis y luego he ido en varias ocasiones al supermercado, porque claro, aquí el concepto "carrito" no existe pero me pego unos paseos del super a casa que no voy a necesitar gimnasio! Es que vivo en una zona muy mona de casitas blancas alpinas y muy residencial... pero poco práctica. Eso sí, tengo una vinatería debajo de mi casa y tres licorerías, así que si algún dia me atrapa la soledad y la melancolía, para eso sí voy a tener solución. Afortunadamente Kai me acaba de traer su bicicleta que me la presta porque, como bien dice, no le va a dar uso en estos seis meses, así que mejor que me la deje. Y yo opino lo mismo, ya se la cuido yo.

Es curioso que todo el mundo quiere que aprenda alemán. Mi jefe, mis compañeros, la gente con la que tengo reuniones, la cajera del supermercado. Todos. Y no es por nada pero no me apetece un pimiento encerrarme en clase a aprender otro idioma cuando no domino el inglés y a duras penas estoy consiguiendo enterarme de todos los temas de trabajo (de los personales ni te cuento). A parte de que me siento mayor para ponerme otra vez a estudiar y, por otra parte, visto lo agotada que llego a casa (el otro día me quedé K.O. a las 22 de la noche) no sé si me apetece aún menos. En seis meses no es que vaya a avanzar mucho ¿no? Y encima me tengo que pagar yo las clases. Así que por el momento voy a aceptar la oferta de mi madre de coger la colección de "aprenda alemán" que le regalaron con el periódico cuando Franco era trompeta. El idioma no cambia (bueno, tal vez, "qué pasa tron" no sea capaz de decirlo en alemán y me acerque a mi amiga la del super diciendole "¿Vuecencia tiene a bien congraciarme con un kilo de kartoffel?". Pero lo que importa es hacerse entender. Por cierto, al final fue fácil la compra en el súper, nada reseñable, snif.

Hoy he disfrutado de mi primer día libre en Munich. Me he acercado al centro y he descubierto una zapatería en la que ya he picado y otra serie de tiendas. Todo por dejar aquí a mis caseros arreglándome las cosas que estaban estropeadas y trayéndome todo aquello que faltaba. La calefacción del salón sigue sin rular, pero puedo ver la tele-ordenador calentita en mi habitación hasta que lo hagan. Y luego tengo un desagradabilísimo sonido en la casa que no sabemos de donde sale, un piiiiii continuo que me está sacando de mis casillas. Pero me lo solucionarán porque estos son muy honestos y me han dicho que si hecho en falta algo más que lo compre y les pase la factura. Estoy pensando en comprar un sofá rinconera y una vitrina para el salón, tampoco me viene mal un BMW para ocupar la plaza de garaje que tiene el piso, no sé si les parecerá excesivo.

He descubierto que tengo el cuarto de la lavadora y la secadora en el sótano, y que cuesta 0,50 euros lavar y otros 0'50 euros secar. El problema es que las instrucciones vienen en alemán y que aquí el agua es durísima (aunque sabe bien, se usa filtro en una jarra, también lo noto en las manos y en el pelo) así que cuando ponga mi primera lavadora, veremos qué sale de ahí. Tal vez tenga que volver a ir de compras pronto.

Luego he vuelto a Obtenhof porque allí fui a una cena de españoles y entre tanto abrigo, perdí el cinturón del mío y, además, en el metro me dejé un gorrito de lana que me había comprado y que me encantaba. No sé si es que iba más pedo que Alfredo con las dos weissbier que me metí entre pecho y espalda o simplemente andaba despistada. El caso que he vuelto para preguntar por mi cinturón y el sitio estaba cerrado porque solamente lo abren los por las noches. Grr. Pero he podido meterme en un restaurante típico, que parecía financiado por el Imserso, y me he metido un plato de salchichas con chucrut y otra cervecita. Sí, voy a tener que parar pero por el momento tengo que disfrutar!


1 comentario:

  1. Ole, ole, si tenemos nuevo blog!!!Q entretenida voy a estar oye!!!bsicoss

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